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Milán - San Remo: Gana Nibali

  • Foto del escritor: Vueltómano
    Vueltómano
  • 19 mar 2018
  • 3 Min. de lectura

Italia vuelve a ganar la "Classicissima" después de casi dos décadas, gracias a un gran Vincenzo Nibali, en una carrera fría debido a las condiciones adversas (durante la primera parte de la carrera) y a pocos movimientos fuera del pelotón.




Justito


Ya decíamos que era difícil ganar la Milán - San remo, y más aún sabiendo que eres escalador con la Cipressa y el Poggio di San Remo como las únicas cotas cercanas a meta (21 y 9 km), factores que lo squalo di Messina puso en práctica. Hay que comentar que en una carrera que durante 4 o 5 horas estuviese lloviendo y con una temperatura baja, hizo la carrera más dura de lo normal o al menos eso fue lo que pareció, ya que no hubo casi movimientos como otros años. Ese gran fondo del corredor y de la carrera, hizo encumbrar al italiano, al que le benefició la reorganización del resto de equipos (sobretodo del QuickStep que al final llevó el peso de la persecución ).


Nibali hizo lo que tenía que hacer y aún mejor, solo y con distancia (no hubiera pasado lo mismo si se fuese ido con un Sagan, Kiatkwosky o Alaphippe), atacando en el falso llano (nadie se esperó ese movimento) antes de las subidas más duras del Poggio (con movimientos anteriores de Jean-Pierre Drucker). El ataque fue después de un tirón de su propio equipo, pero parece ser que nadie estaba a su rueda (a Kiatkowsky se le vio a cola de pelotón dos kilómetros antes). Con la brecha realizada y con Oss tirando solo para Sagan, el italiano abrió hueco hasta los 12 segundos. En la bajada saltó Mateo Trenttin, pero solo pudo abrir unos segundos, siendo neutralizado en el comienzo del tramo llano, a solo dos kilómetros para la meta.





El esprint


Aún no estaba la carrera decidida por lo menos hasta la falta del último kilómetro, que aunque se veía fuerte a Nibali, atrás tiraba el QuickStep con tres hombres. A falta de medio kilómetro y asomando a línea de meta ya sí se sabía que el italiano ganaría, celebrando la victoria mientras atrás desplegaban el esprint.


Un gran Caleb Ewan, consiguió despegarles las pegatinas al resto de velocistas, con su inusual postura subiéndose al manillar. Tercero fue Arnaud Démare, que estuvo en cabeza hasta la mitad del Poggio y con un equipo organizado al que sólo le falto alguien para responder en el tramo hacia arriba. Kristoff fue cuarto, Roelandts quinto, con un Sagan sexto y terminando de completar el top 10 Matthews, M.C. Nielsen, Colbrelli y Stuyven. Kittel por su parte, no tuvo su día y se descolgó en la Cipressa, sin opciones de reengarcharse terminando a más de 10 minutos del ganador.



La maldición de Cavendish


El corredor británico dio la voz de alarma tras un espeluznante accidente con un elemento vial separador (de color amarillo abajo de la imagen), que dio una voltereta y acabó rodando unos cinco metros hacia delante y llevándose a otros corredores que se cayeron al ver al corredor en el suelo. La maldición de Cavendish esta temporada le está obligando a que se retire, porque no es normal que entres competiciones tengas tres caídas y siendo los primeros días como pasó en la Tirreno Adríatico. No es tanta su desdicha ya que sólo se ha roto un par de costillas, algo impensable al ver la caída y el golpetazo que se da el británico de la isla de Man.

 
 
 

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